El cielo nunca ha sido ensuciado por las nubes. Las nubes vienen y van, el cielo no cambia su azul profundo; el día y la noche se alternan, el cielo no cambia su manto. La tierra y los seres vivos, para los dioses son dioses, para los que son como perros, son perros. En realidad, la verdadera naturaleza es así día tras día, encontrando libertad en millones de olas.