El efecto de la IA es en realidad parte de un fenómeno humano más grande que llamamos la paradoja de la frontera. Debido a que atribuimos a los humanos la frontera más allá de nuestro dominio tecnológico, esa frontera siempre estará mal definida. La inteligencia no es algo que podamos capturar, sino un horizonte que se acerca constantemente y que convertimos en herramientas útiles. La tecnología es el artificio de la inteligencia forjado a lo largo de milenios de colaboración y competencia humana.