Es surrealista ver a tu gente desaparecer bajo una dictadura que declara: “He cerrado internet porque soy la única voz de Irán” Luego ver a aquellos que no han conocido más que la libertad subir a escenarios brillantes y anunciar: “¡detengan la guerra contra los dictadores!” al son de un aplauso atronador. Esto no es ficción distópica. Es la disparidad de realidades. Vivimos en una burbuja cultural tan desconectada del mundo exterior que borra los gritos de los que sufren, y luego se congratula a sí misma por su vanidad moral.