Un increíblemente pernicioso artículo de hackeo publicado por el NYT narra el reemplazo del perfil familiar del típico tirador masivo -- "un hombre de mediana edad que estaba socialmente aislado y en desesperación" -- por una nueva cohorte emergente de jóvenes, citando a dos recientes tiradores masivos identificados como hombres trans sin reconocer su identificación trans o su masculinidad, sugiriendo implícitamente que, además de que la nueva generación de tiradores sea joven, también son mujeres, y descartando cualquier discusión sobre el papel que la identificación trans puede estar jugando en esta dinámica. Los tiradores siguen siendo hombres -- con una notable excepción de un joven tirador masivo que era una mujer pretendiendo ser hombre -- y son, en los mismos ejemplos citados en este artículo, ambos hombres pretendiendo ser mujeres, ambos hombres que fueron afirmados en su impostura sexual por un sistema médico, educativo y de bienestar social que nos dice que negarse a afirmar a los niños en su confusión sexual los pone en riesgo de suicidio. Coludirse en esa falsificación sexual después de la afirmación salió desastrosamente mal por deferencia a ese mismo conjunto de tabúes que dejó que las comorbilidades de salud mental que afectan a los jóvenes identificados como trans se agraven sin ser atendidas es un acto de extraordinaria mala fe.