El último golpe entrega la liberación. Los débiles piensan que eso es lo único que importa. Olvidan: sin el primer golpe, el segundo, el centésimo—no hay clímax. Ningún imperio se levanta de un golpe afortunado. Los verdaderos ganadores entienden la matriz: el éxito se forja en una dominación silenciosa y continua. Cada esfuerzo cuenta. Cada esfuerzo se acumula. Mantente disciplinado. Mantente implacable. La línea de meta se inclina ante el hombre que nunca se detiene.