La escandalosa decisión de la Suprema Corte de Corte pone las manos a nuestra lucha contra el comercio desleal que ha devastado a los trabajadores estadounidenses durante décadas. Estos aranceles protegieron empleos, reactivaron la manufactura y obligaron a tramposos como China a pagar. Ahora ganan los globalistas, las inversiones de las fábricas pueden revertirse y los trabajadores estadounidenses vuelven a perder. Esta traición debe ser revertida y los republicanos deben ponerse manos a la obra de inmediato en un proyecto de ley de reconciliación para codificar los aranceles que habían convertido a nuestro país en el país más caliente del mundo.