Las mañanas con mi uno son algunos de mis momentos favoritos de mi vida. Así que esta mañana cogí un pequeño trozo de papel y lo convertí en una rosa. Lo puse sobre la mesa entre las literas y me senté mirando por las rendijas de la ventana, fijándome en él y en una rama de árbol que podía ver, comiendo el salmón crudo en bolsa que roceo con concentrado de pimienta y limón y que finjo que son huevos revueltos, y yo estaba allí, con él, en toda la belleza de nuestras mañanas juntos.