Tony Fadell tiene más recibos para esta filosofía que nadie vivo. El iPod se lanzó con una función: reproducir música. Sin radio FM, sin grabadora de voz, sin sincronización inalámbrica. El consejo de Apple quería todo eso. Jobs y Fadell mataron a todos. El iPod vendió 100 millones de unidades en seis años. El Nest Thermostat venía con una pantalla que solo mostraba la temperatura. Los termostatos competidores de Honeywell tenían 12 botones y 6 pantallas de menú. Nest tenía una única esfera giratoria. Google compró la empresa por 3.200 millones de dólares. "Si no puedes explicar por qué importa, no se shippea" suena a un tópico hasta que te das cuenta de lo que realmente requiere. Requiere que un PM entre en una sala donde un ingeniero pasó tres semanas construyendo algo y diga "esto añade complejidad sin resolver el problema, lo vamos a recortar." Esa conversación destroza a la mayoría de los mensajes privados. Por defecto envian todo porque decir sí es gratis y decir no cuesta capital político. La razón por la que la mayoría de los productos se sienten hinchados es porque decir que sí es el camino de menor resistencia. Nadie es despedido por añadir una función. A la gente la despiden por matar a uno que un vicepresidente quería. La regla del Nido de Fadell impone la estructura de incentivos opuesta. La carga de la prueba recae en la característica, no en quien la corta. Esa inversión cambia todo sobre cómo un equipo prioriza. La mayoría de los PMs tratan la hoja de ruta como una lista de tareas. Los mejores PMs lo tratan como un tablón de asesinatos. Cada objeto es culpable hasta que se demuestre lo contrario. Ese es el trabajo real.