La energía nuclear nos ofrece lo que nuestro tiempo necesita ahora más que nunca: independencia, resiliencia ante crisis, competitividad y la capacidad de cumplir con nuestras ambiciones climáticas. En un momento en que nuestras economías se están electrificando, cuando la tecnología digital y la inteligencia artificial transforman nuestros usos, cuando la industria necesita electrificarse, la demanda global de electricidad crece el doble de rápido que en la última década. Ante este aumento de necesidades, Francia tiene un activo que muchas naciones envidian: 57 reactores repartidos en 18 emplazamientos, la mayor flota nuclear del mundo en relación con nuestra población. La energía nuclear civil también es una palanca decisiva para la descarbonización: la energía nuclear tiene 12 gramos de CO2 por kilovatio-hora, frente a los 490 del gas y 820 del carbón. En Belfort, en 2022, establecí un rumbo claro: recuperar el control de nuestro destino energético, poniendo fin a la dependencia de los combustibles fósiles y recuperando nuestra soberanía industrial y energética. Estamos ahí y seguimos firmes. En 2025, nuestras centrales produjeron alrededor de 370 teravatios hora de electricidad, y Francia exportó más de 90 teravatios hora de electricidad libre de carbono. Nuestro programa para construir nuevos reactores avanza y estamos acelerando. A nivel europeo, la neutralidad tecnológica, la estandarización, el fortalecimiento de la financiación, las competencias y una verdadera cadena de valor europea. A nivel global, colaboración en cuestiones de investigación y desarrollo, y trabajo colectivo en materia de seguridad. Esta es nuestra ambición en materia de energía nuclear y lo que dije esta mañana en París a todos los países. En un mundo más inestable, más fragmentado, más incierto, es una elección de soberanía, una elección de competitividad y una garantía para el futuro. Francia ha tomado esta decisión.