Desde que Estados Unidos e Israel comenzaron su guerra ilegal contra Irán, más de 1.300 iraníes han sido asesinados y casi un tercio son niños. Al menos 20 escuelas y 10 hospitales han sido atacados. Estos son graves crímenes de guerra. En Líbano, más de 600 personas han muerto, incluidas 86 niñas, y 700.000 personas han sido desplazadas. El Reino Unido debe poner fin de inmediato a su complicidad en esta guerra ilegal: no usar bases británicas por parte de Estados Unidos, no vender armas, no apoyar la vigilancia, ni cooperación militar. El público británico ya no quiere ser el caniche de Estados Unidos.