Lo que resulta aún más molesto que el hecho de que un puñado de mujeres se aferrara a la derecha para llamar la atención y luego decidiera que no podía soportarlo porque los hombres eran crueles con ellas y, en vez de marcharse discretamente, tuviera que denunciar todo para llamar más la atención, es que un feminista masculino decidió escribir una historia sobre ello como si fuera un reportaje legítimo y no una difamación indirecta de las ideas y políticas que él mismo es demasiado tonto y perezoso para contrarrestar con sus propias palabras