Comparto el profundo dolor que tantos líderes de las comunidades laboral, de derechos civiles, latinas y familias del movimiento están sintiendo hoy. Admiro profundamente a las mujeres y a sus familias que, tras décadas, han encontrado el apoyo y la plataforma para decir su verdad. Las voces de Dolores Huerta, Debra Rojas y Ana Murguia merecen ser escuchadas, respetadas y creídas.  Honrarlos también significa honrar el legado de los United Farm Workers y de los trabajadores que he tenido el privilegio de conocer a lo largo de los años. Elevamos ese legado continuando la lucha por la dignidad, la justicia y las condiciones seguras para todos los trabajadores, especialmente para las mujeres.