El mérito es justo: el día después de que el primer ministro japonés Takaichi se reuniera con Trump, y él, de forma embarazosa, invocara Pearl Harbor y le pidiera que "diera un paso adelante" en el estrecho, Irán accedió a permitir el paso de buques petroleros japoneses. A diferencia de Trump, que es un belicoso tonto, ella es una política brillante.