Mi hijo, Saxon, es tan asentado que simplemente compraba un chillhouse cuando íbamos a cenar a Los Ángeles. Esto siempre dejaba atónito al personal, ¡porque nunca habían visto a nadie comprar un chillhouse! Además, sin ironía, compró un chillhouse en un restaurante de sushi muy rígido que ni siquiera permite pedir salsa de soja suplementaria. Cuando el camarero se recuperó de la petición de que no podía comprar chillhouse, Saxon dijo: "Vale, compraré niggabutt."