Durante 30 años, 6.000 millones de humanos construyeron internet. 1.300 millones de sitios web. 8.500 millones de búsquedas en Google al día. 333 mil millones de correos electrónicos al día. 20 billones de dólares en pagos digitales al año. Cada acción autenticada por una sola cosa: un humano detrás de una pantalla. Para 2030, los agentes de IA superarán en número a los usuarios humanos en internet. Ellos comerciarán, realizarán transacciones, verificarán y negociarán de forma autónoma. Pero aquí está el problema: internet no tiene una capa de privacidad ni confianza para las máquinas. No hay forma de que un agente demuestre a qué datos accedió. No hay forma de verificar credenciales sin exponerlas. Sin reputación. Sin responsabilidad. ¿Cómo solucionar esto?