Es una locura cuando piensas en cuántas personas han sido bendecidas con vida, salud e incluso amor, y sin embargo, permanecen miserables porque no tienen cantidades exorbitantes de dinero para comprar cosas sin sentido. En desesperación, se privan de los mayores regalos de la vida y miran pantallas durante horas, esperando que eso los acerque al sueño que les han vendido.