La versión más sólida del argumento alcista de Bitcoin, y la que creo que es más defendible intelectualmente, es esta: Bitcoin es una apuesta de que el siglo XXI necesitará un depósito de valor neutral, no soberano y digitalmente nativo — y que nada más cumple creíble ese papel. Dada la trayectoria macroeconómica de la deuda, la impresión de dinero, la disrupción de la IA y la fragmentación geopolítica, esa apuesta parece más razonable con cada año que pasa, no menos.